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Montaña, Familia y Seguridad

Senderismo con niños: cuánto pueden andar de verdad y qué vigilar en el monte

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Circula una regla para calcular cuánto puede caminar un niño: multiplicar su edad por uno y medio para obtener los kilómetros. Es cómoda y es mala. Según ella, un niño de cuatro años haría seis kilómetros, y quien haya salido al monte con uno de cuatro años sabe que el problema no son nunca los kilómetros.

Criterio de Evaluación

Planificamos por tiempo y por desnivel, no por distancia, y damos prioridad a los riesgos específicos del monte mediterráneo con niños, que son distintos de los que aparecen en las guías traducidas.

Dimensiona por tiempo y desnivel, no por kilómetros

Un niño no se cansa por la distancia recorrida sino por el tiempo que lleva de pie, por la pendiente y por el aburrimiento. Cien metros de desnivel se pagan mucho más caros que un kilómetro llano, y una ruta con río, puente y cueva se hace larguísima sin protestas mientras que una pista forestal recta agota en veinte minutos.

Tres criterios que funcionan mejor que cualquier fórmula:

Cuenta el tiempo, no la distancia. Con niños pequeños, plantea salidas de una a dos horas de marcha efectiva y añade al menos la mitad de ese tiempo en paradas. El cálculo de tiempos de las guías de senderismo está hecho para adultos: con niños, multiplica por dos como mínimo.

Mira el desnivel acumulado antes que los kilómetros. Es el dato que aparece en cualquier ficha de ruta y el que mejor predice si vas a acabar cargando con alguien.

Elige circular o de ida y vuelta según el peor escenario. Una ruta de ida y vuelta permite dar media vuelta en cualquier punto. Una circular te obliga a terminarla, y si el niño se planta a mitad, quedan los mismos kilómetros por delante que por detrás.

Sobre la mochila del niño: que lleve la suya está muy bien por implicación y por autonomía, pero con poco peso. La referencia habitual en montaña es no pasar de en torno al diez por ciento del peso corporal, y en niños conviene quedarse por debajo. Su chubasquero, su gorra y su botella pequeña son suficiente.

Lo que no sale en las guías traducidas

Tres riesgos propios del monte de aquí

1. La procesionaria del pino

Es el riesgo más específico y el más subestimado. Las orugas descienden en fila del pino entre finales de invierno y primavera, según la zona y la temperatura, y sus pelos urticantes provocan reacciones cutáneas y oculares intensas. No hace falta tocarlas: los pelos vuelan y quedan en el suelo y en la hierba. En niños, que van más cerca del suelo y se llevan las manos a la cara, la exposición es mayor, y en perros que las lamen puede ser grave. Si ves bolsones blancos en las copas de los pinos, cambia de ruta. Ante contacto: lavar con agua abundante sin frotar, no rascar, y consultar si aparece reacción marcada o afecta a los ojos.

2. Las garrapatas

Van en aumento y la revisión al volver a casa es la medida más eficaz: detrás de las orejas, el cuero cabelludo, las axilas, la cintura y detrás de las rodillas. Si encuentras una, se extrae con unas pinzas finas agarrando lo más pegado posible a la piel y tirando de forma firme y perpendicular, sin girar. Lo que no hay que hacer es lo que todo el mundo recomienda: ni aceite, ni vaselina, ni calor, ni alcohol antes de sacarla, porque irritan al animal y aumentan el riesgo de que regurgite. Anota la fecha y consulta si aparece fiebre o una mancha que se expande en las semanas siguientes.

3. El calor

Los niños regulan peor la temperatura que los adultos y a menudo no piden agua hasta que ya llevan rato deshidratándose. En verano, salidas a primera hora y sombra obligatoria en las horas centrales. Señales de que hay que parar y refrescar: piel enrojecida y caliente, dolor de cabeza, náuseas, decaimiento o irritabilidad inusual. Si aparece confusión, vómitos o deja de sudar, es una urgencia y se llama al 112.

Dos ideas que circulan y conviene descartar

Cocinar en el monte con hornillo. Aparece en muchas listas de actividades y en España tiene un problema serio: durante la época de peligro alto de incendios forestales, que fija cada comunidad autónoma y que en buena parte del país cubre los meses de verano, el uso de fuego y de hornillos está prohibido en terreno forestal y en su franja de influencia. Las sanciones son elevadas y el motivo es evidente. Si te apetece cocinar, área recreativa habilitada, y consultando antes la orden vigente de tu comunidad.

Esconder «tesoros» por el camino. Suena estupendo hasta que caes en que estás dejando objetos en el monte, y en muchos espacios protegidos está expresamente prohibido. La versión que funciona igual de bien y no deja rastro es la búsqueda de elementos que ya están: una piña, una piedra de tal color, una hoja con cinco puntas. Se busca, se mira y se deja donde estaba. Lo mismo con la lupa: identificar plantas e insectos sí, recolectarlos no.

Qué funciona de verdad para que no se aburran

Darles el mapa. El niño que va marcando por dónde vais deja de preguntar cuánto falta, porque lo sabe. Funciona a partir de los cinco o seis años y es lo más efectivo de esta lista.

Fijar hitos visibles, no kilómetros. «Hasta el puente» motiva; «dos kilómetros más» no significa nada para un niño pequeño. Trocea la ruta en objetivos que se puedan señalar con el dedo.

Que el ritmo lo marque el más lento. Parece obvio y casi nadie lo hace. Si el pequeño va siempre corriendo por detrás para alcanzar al grupo, se agota en la mitad de tiempo y la salida se acaba.

Búsqueda de sonidos. Un minuto en silencio contando cuántos sonidos distintos se oyen. Cuesta cero, se puede hacer cinco veces en una ruta y funciona incluso con adolescentes.

La conversación de antes de salir

Lleva dos minutos y es lo más útil que puedes hacer. Explícale al niño que, si en algún momento no os ve, se queda quieto donde está y grita. El instinto de un niño perdido es echar a andar a buscar a los adultos, y eso es exactamente lo que complica un rescate. Quedarse quieto reduce el área de búsqueda a un punto.

Complementos que ayudan: un silbato en la mochila de cada niño, que se oye mucho más lejos que una voz y cansa menos; una foto del grupo hecha esa misma mañana, que resuelve la descripción de la ropa si hay que dar aviso; y llevar el móvil con batería, con la ubicación activada y sabiendo que el 112 funciona incluso sin cobertura de tu operador si hay otra red disponible.

Y una regla de familia que evita la mayoría de los sustos: en los cruces, todo el mundo se para y espera. Los desvíos son donde se separan los grupos.

Lo que conviene llevar

Botiquín con pinzas de punta fina

El botiquín genérico de farmacia sirve, pero comprueba que incluya pinzas de punta realmente fina para garrapatas y astillas. Las de depilar no valen: aplastan.

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Mochila infantil ligera

Con cinta de pecho, que evita que las hombreras se abran y es lo que marca la diferencia en comodidad. Capacidad pequeña a propósito: si cabe poco, no se carga de más.

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Silbato y linterna frontal

Dos objetos baratos que resuelven los dos escenarios que asustan: separarse del grupo y que se haga de noche antes de llegar al coche. Uno por niño.

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Calzado: cuándo hace falta bota

En pista y sendero fácil, una zapatilla deportiva con suela con dibujo cumple. La bota compensa en terreno irregular, con piedra suelta o con humedad. Lo que no vale es el calzado nuevo estrenado ese mismo día.

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Preguntas frecuentes

¿A partir de qué edad se puede empezar?

Con portabebés de montaña, desde que el niño sostiene bien la cabeza y el cuello, que suele ser en torno a los seis meses; conviene consultarlo con el pediatra. Andando por su cuenta, desde que camina con soltura, contando con distancias muy cortas y con que la mitad del trayecto pueda acabar en brazos.

¿Puedo llevar al perro?

Depende del espacio. En muchos parques naturales y nacionales el acceso con perro está restringido o prohibido, y donde se permite suele exigirse correa. Consúltalo en la web del espacio antes de ir: es de las causas más frecuentes de que una familia se dé la vuelta en el aparcamiento.

¿Cuánta agua hay que llevar?

Más de la que crees, y repartida en varias botellas pequeñas para que cada uno lleve la suya y beba sin pedir permiso. No cuentes con fuentes que aparezcan marcadas en el mapa: muchas están secas o no son potables.

¿Y si se planta y no quiere seguir?

Parar, comer algo y no discutir. La bajada de azúcar explica la mitad de las plantadas. Si aun así no quiere, dar media vuelta no es fracasar: la salida siguiente depende de cómo termine esta.

Cómo está hecho este análisis

No hemos probado los productos enlazados. Las pautas de primeros auxilios corresponden a recomendaciones de manejo habituales y no sustituyen la valoración de un profesional sanitario. Las restricciones de fuego, acceso y perros varían entre comunidades autónomas y entre espacios naturales, y cambian cada temporada: recomendamos verificar la normativa vigente del lugar concreto antes de salir.

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